A dos aguas

Es llamativo que la misma España que se solidariza con naturalidad con dos jóvenes lesbianas que sufren persecución en el extranjero, tenga aún que solucionar qué hacer con un mausoleo fascista que rinde tributo a un dictador sanguinario.  Sorprende que 42 años después de la muerte del dictador, fallezca un exministro franquista y se le dediquen textos en los que aparece la viejuna expresión “hordas marxistas”.

Llama la atención los paños calientes que aún se emplean  cuando se habla de la tumba del dictador o de las fosas clandestinas. También el hecho de que la Fundación Francisco Franco posea “secretos oficiales” y disfrute (o haya disfrutado) de subvenciones públicas.

Decía Ángel Viñas que hay “un canon franquista”, según el cual, la guerra fue inevitable y Franco, un salvador. Viñas expresaba su estupor por este hecho, ya que investigadores españoles y extranjeros han demostrado que ese canon es “rigurosamente falso”, y sin embargo esto no cala en algunos sectores de la sociedad española.

Esta falta de decisión respecto a  la necesidad de poner en limpio el pasado y superar hipocresías nos hace perder un tiempo precioso. Hay personas ya muy ancianas que continúan buscando a sus familiares desaparecidos, sin que las administraciones (salvo excepciones) hayan entendido la trascendencia de este hecho. El tiempo se les agota a ellos y también al hecho en sí, que corre el riesgo de quedar a dos aguas. ¿Qué lectura puede hacerse? ¿Que el dictador no fue para tanto?

La posición del PP ante la petición de sacar los restos de Franco de Los Caídos aparca de nuevo la cuestión, que no radica sólo en el emplazamiento de una tumba.

En la transición era muy pronto y ahora dicen que ya es demasiado tarde. Hoy el argumento es  “nos interesan los vivos”, despreciando el hecho de que  la memoria es la materia de la que estamos hechos.

 

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