Científicas, haberlas haylas

La idea de anunciar en la convocatoria de un congreso científico que se invitaba a las familias y que habría actividades infantiles disparó de manera extraordinaria  la asistencia de mujeres investigadoras al evento.  “Me enfadé conmigo misma, yo, que he organizado infinidad de congresos y seminarios, ¿cómo no lo había pensado antes?”, relató  este jueves la catedrática de Física Aplicada de la ULL Catalina Ruiz Pérez en la jornada “Mujeres y Ciencia” , organizadas por la ULPGC y el Gobierno de Canarias en el Museo Elder.

 

La anécdota de Catalina -por cierto, Premio Canarias de Investigación e Innovación, la primera mujer en 33 años de historia de este reconocimiento-  ilustra la situación de la mujer en el mundo académico y científico. Les pasa como a las meigas: Haberlas haylas, pero apenas se les ve. Y esto vale para las científicas que no acuden a un congreso porque deben quedarse al cuidado de la prole, -se da por hecho que es tarea de ella y no de él-, y también para las que nunca salen en los periódicos, no alcanzan cargos de de decisión o renuncian a seguir batallando porque la carrera que vale es la de él. 

Vista general del salón de actos del Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología, durante la jornada Mujeres y Ciencia.

Junto a la catedrática de la ULL, participaron en esta jornada: Elena Corchero, de Lanzarote pero radicada en Londres, donde trabaja como especialista en materiales inteligentes, wereables e internet de las cosas;  Flora Pescador, arquitecta, paisajista, profesora investigadora de la ULPGC y primera mujer directora de una escuela de arquitectura en España, y Pilar García, vicedecana de Calidad de la Facultad de Ciencias del Mar de la universidad grancanaria.

Tuve la suerte de participar como moderadora en este encuentro tan multidisciplinar, que duró tres horas pero se fue en un suspiro. Se trataba de hacer lo mismo que había hecho Catalina con sus actividades infantiles: sacar de sus laboratorios y estudios a las académicas y ponerlas a la vista, mostrar ciencia hecha por mujeres.

Decía que la tarde se pasó en un suspiro, pero además fue uno de esos momentos en los que una dice que qué pena no tener más vidas para estudiar esto y aquello.

Viajamos a los inicios de la Facultad de Ciencias del Mar, a los primeros pasos de su hoy vicedecana de Calidad  en un laboratorio que contaba con una grabadora de las de antes y un temporizador -creo que de cocina- como principal instrumental. De su mano entendimos algunas cosas sobre la carrera universitaria, lo que cuesta llegar: lo que vale, vaya, un peine científico.

Flora Pescador habló del proceso de creación de un jardín botánico en el lugar donde estuvo el viejo Agadir (Marruecos), antes de ser arrasado por el terremoto del 60. También del  análisis de Lanzarote como territorio, isla, por cierto, con superpoblación de gasolineras; de “letrinas parásito”  destinadas a mejorar la calidad de vida de poblaciones que carecen de saneamiento,  o de ladrillos fabricados con agua de cactus por una cuestión que tiene que ver con la consecución del material preciso.

Precisamente los materiales fueron otro de los leivmotiv de la tarde A juicio de Elena Corchero, en ellos radicará la verdadera revolución y no en la tecnología. Corchero diseña bufandas calentitas que parecen de la abuela pero que están hechas de una lana evolucionada que brilla en la oscuridad, juguetes tecnológicos que incitan a entender y probar; escotes con flores de tela que florecen con calma, o joyas con piedras que advierten contra las radiaciones solares.

Y la primera frontera de los materiales es donde batalla el laboratorio de Catalina Ruiz, un lugar donde se diseñan inventos que ni Asimov.

De derecha a izquierda: José Pablo Suárez (vicerrector), Pilar García, Flora Pecador, Pino Quintana (vicerrectora), Elena Corchero, Catalina Ruiz; Aurora Moreno (directoral general Gobierno de Canarias) y Ángeles Arencibia (periodista).

En 2015 estudiaban en la ULPGC 19.366 alumnos: el 57% eran mujeres. El porcentaje se invierte hasta extremos dramáticos si vamos a la cúspide de la pirámide: en 2015 el 83,8% de los catedráticos eran hombres. Así, sólo 21 de los 130 catedráticos y catedráticas de la ULPGC eran mujeres. La universidad grancanaria no es un rara avis. Según datos del CSIC la  tendencia (muchas mujeres en la base pero apenas en la cúspide) es común a toda la Unión Europea y se mantiene a pesar de que en los últimos años las mujeres obtienen el 65% de los grados universitarios y más del 45% de los doctorados.

En el CSIC, un 57,5% de los investigadores predoctorales son mujeres, sin embargo solo el 24,9% de los profesores de investigación (el final de la escala)  pertenecen al género femenino.

Esta semana acaba de tomar posesión la primera mujer que preside el CSIC, bienvenida sea. Ya iba siendo hora: es la primera en 75 años de historia. Tiene tela.

Fotos: Nacho González Oramas

Publicado en la edición impresa de La Provincia el 19 de diciembre de 2017

 

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