Decíamos ayer

Estreno apeadero para mi Virtualario gracias a mi buena y experta amiga Esther Pérez Verdú, capaz de domar a los hombres pequeñitos que viven en las bambalinas de los ordenadores y que son, en realidad, los que colocan las letras y le dicen a cada palabra dónde debe ponerse.

Tras un sofocón mañanero, que me cambió la vida, vuelvo como si tal cosa a este teclado de mis amores. Como ya saben algunos de mis amigos y lectores, me he quedado sin empleo, sin trabajo, sin job, no tengo ni el mini de la Merkel, sólo la promesa de que el paro me pagará el idem gracias al inem.

¡Qué pena que los acentos no cuadren en este absurdo pareado!

Aquí estoy en este www más sola que la una o más acompañada que ninguna, según se mire y si se  juzga por el par de centenares de llamadas, mensajes y comentarios que he recibido tras anunciar que me había tocado la mota negra, como en La isla del tesoro, aquella maravillosa historia de piratas de Stevenson.

Tanto apoyo emociona y también preocupa un poco. ¿Es tan malo lo que me ha pasado?

Tal vez debemos empezar a desterrar la idea de que un trabajo debe ser para siempre y a ver nuestra vida laboral como un proceso inestable. Estoy pensando en las islas movedizas que deben sortear los concursantes de Humor amarillo en alguna de las pruebas que ponen a los concursantes. Pensar en esfuerzo, mérito, y en darse la hostia, con perdón.

Llevo ya cuatro días como desempleada, un estado en el que viven 4.727.814 españoles según los últimos datos del paro. En la próxima estadística salgo yo. ¡Caray!, que diría el Urrutia.

(Jaime Urrutia, cantante de Gabinete Caligari, fue mi primer entrevistado. Aún ni había acabado la carrera y era el bendito Madrid de los 80)

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