¡Es el cambio climático, tolete!

Tras dos días escuchando informes científicos sobre los efectos del cambio climático en territorios insulares -el encuentro Archipiélago y Océano del Centro UNESCO Gran Canaria, al que asistí como responsable de prensa-, paso del desaliento a la indignación para acabar experimentando un subidón en mis niveles previos de alarma y estupor. Y vuelvo a preguntarme: ¿Cómo no está el planeta en zafarrancho de combate contra el cambio climático? ¿Cómo no lo estamos en Canarias? ¿Cómo no ha permeado nuestra vida cotidiana?

Para entender cómo se ve este asunto en el mundo científico una pista puede ser la forma en que introdujo su charla  el director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña (AEMET), Emilio Cuevas Agulló. “Ya me canso” -afirmó más o menos el experto-, de decir que el cambio climático es “una evidencia”.

Cuevas, que empezó a estudiar el fenómeno en los 90, expuso que ya el 23 de octubre de 1995 compareció ante el Senado para hablar a sus señorías sobre cambio climático. “¡Hace 23 años!” (sic en su proyección).

(No me resisto a recordar aquí la señalada anécdota del primo de Rajoy. Sucedió el 22 de octubre de 2007 -casualmente 12 años casi exactos después de la comparecencia de Cuevas-. El entonces presidente del PP recurrió a un primo suyo catedrático en Sevilla para poner en duda el fenómeno y para sostener la afirmación de que el cambio climático no podía convertirse en “el problema mundial”).

Pero volvamos al Gabinete Literario, sede de este encuentro celebrado en colaboración con  la ULPGC y el Cabildo de Gran Canaria los días 25 y 26 de octubre. Cuevas trae noticias de Izaña. El observatorio tinerfeño es uno de los más importantes del mundo por dos razones principales: altura (está a 2.400 metros) y sus 103 años de registros.

“Ya en 1995 había evidencias sólidas de que se estaba produciendo;  es un tema terminado, el cambio climático es una realidad”, sentencia Cuevas que muestra un gráfico de temperatura y otro de CO2, ambos en turgentes líneas ascendentes. Hay más: desde 1916 se ha incrementado en 0,85 días por década  el número de jornadas en que la temperatura superó los 22º C en Izaña (recordemos: es alta montaña); de forma paralela disminuye en 1,94 días por década la cifra de registros bajo cero. O sea, hay más días de calor inhabitual y menos del frío acostumbrado.

Igual de taxativa, Yolanda Luna Rico, jefa del Departamento de Desarrollo y Aplicaciones de AEMET, diría al día siguiente: “Se trata de adaptarnos a lo que ya no tiene remedio”.

La acumulación de datos es el testigo de cargo.  AEMET, “garante de la memoria histórica del clima”, cuenta con mediciones que se remontan a 1860 en algunas ciudades españolas (hay referencias de esta época de las dos capitales canarias).

Así es posible sostener: “El cambio climático no es una creencia, no es una religión”.  Preguntarse: “¿Por qué cuando un físico dice que hay cambio climático, nadie se lo cree?” Y argumentar: “Decimos que existen los electrones y nadie ha visto uno, pero nadie lo duda. Esto es exactamente igual,  el cambio climático es una cuestión científica, aquí no hay nada místico”.

Desde 1950 los cambios experimentados no tienen precedentes. La atmósfera se calienta, disminuyen las masas de hielo y sube el nivel del mar. Yolanda Luna habla de un  ritmo “vertiginoso”. Y aquí un dato canario: la media global indica un ascenso de temperatura de 0,9º, en el archipiélago la subida es de 1,5º.

El nivel del mar -medido por el mareógrafo de Puertos del Estado en Las Palmas- también sufre un incremento, pero, matiza, estas series de observación no son tan antiguas, sólo tienen 30 o 40 años.

Es posible consultar en su web las proyecciones regionalizadas que realiza la agencia española a partir de los datos globales del panel intergubernamental (IPCC). Se hacen distintas proyecciones en función de dos escenarios (si se moderan las emisiones o si “somos tan idiotas” que seguimos tal cual). Un vistazo a las “proyecciones climáticas” para Canarias sitúa muy bien la magnitud del problema.

Porque aunque hoy mismo se lograra llevar a cero las emisiones de efecto invernadero, la temperatura seguiría subiendo por la inercia del sistema climático. También el nivel del mar, expone Aida Velasco Munguía, técnica del área de estrategias de adaptación de la oficina Española de Cambio Climático.  Velasco presenta el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático. Publicado en 2006, es uno de los primeros de Europa.

“Sí, cambios climáticos ha habido siempre, y esto hace que muchas personas digan: ¡ah bueno!, y se relajen”, admite Velasco, “pero este cambio climático tiene tres características que lo hacen único: está causado por el hombre,  el ritmo es muy rápido y no permite que las especies se adapten como en otras épocas, y la tercera es que ahora el hombre está aquí”.

Urgencia, emergencia, vértigo son términos que califican el momento y que chocan de manera frontal con una sociedad que se mueve como un paquidermo, con la misma agilidad que la mala de la película  “Monstruos S.A”.

“No; lo siento, no hay tiempo”, diría al día siguiente en el mismo escenario Juantxo López de Uralde (durante diez años director de Greenpeace España y desde 2015 diputado nacional de Equo- Podemos). El parlamentario contestaba una pregunta sobre la oportunidad de adoptar el gas en Canarias como paso previo a las renovables.

El cambio climático afecta a casi todo y va corre que te corre. Albert Taxonera, codirector del Proyecto Biodiversidad de Cabo Verde,  expuso el caso de las tortugas marinas, amenazadas por la subida de las mareas, el cambio de las corrientes oceánicas y el calentamiento. En estos animales la temperatura de incubación influye en el sexo que tendrá el individuo. Taxonera mostró un pronóstico según el cual, y si el termómetro continúa en ascenso, a finales de 2100 todas serán hembras.

Desde las antípodas, la diputada polinesia en la Asamblea Nacional de Francia y presidenta del Grupo de Estudio de las Islas del Pacífico, Maina Sage, animó a las regiones de la Macaronesia a compartir soluciones, porque los territorios insulares son más vulnerables – “esto es seguro”- y afrontan el cambio climático de forma distinta a los continentales.

Un ejemplo de esto último -la singularidad de los archipiélagos- son los informes sobre los recursos hídricos en el mundo que publica cada tres años la potente WASA-GN.  Según el director de esta organización internacional, Carlos Fernández-Jáuregui, muchos archipiélagos no figuran en estos documentos, tampoco la Macaronesia, a la que pertenece Canarias.

 

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Este artículo se publicó originalmente en el periódico La Provincia el sábado 3 de noviembre de 2018

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