Estropicio en el super

Esto no sabía si contarlo, pero una conversación, esta mañana, con una de mis amigas del periodo cuaternario me ayudó a decidirme. La susodicha me dijo que me leía y que seguía mis andanzas a través de este blog, cada vez más descarado y personal, por lo que casi no creía necesario ya llamarme por teléfono. No es que antes del blog me llamara mucho, todo hay que decirlo, pero la intención y la atención hay que agradecerla.
Comparto con el resto de la humanidad la pena por la muerte de Michael Jackson. En realidad, más que por su muerte, por la vida que le impusieron desde niño. Una vez dicho esto, abandono el panorama planetario para volver a mi entrañable barrio. Más concretamente, al supermercado del que hablé hace unos días, por lo que no voy a extenderme sobre lo orgullosos que estamos de él en el vecindario.
Esta mañana, además, ganó otro punto en mi personal tabla de puntuación y no por el negocio en sí, sino por la demostración de solidaridad vecinal que tuve la suerte de presenciar.
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Llegué a eso de las 7:45, quizás 7:50. Son horas en las que todavía entra mucho proveedor de mercancía, y en eso estaban cuando yo intentaba pagar un kilo de naranjas de zumo, cuatro peras y un pan de molde, e irme a casa a desayunar.
Entró el repartidor del agua mineral -al que conozco y saludo porque va también por mi casa-, sin más incidente que una cuestión de trámite que resolvió con la cajera. Pero, tras él -y menos mal que aún estaba él-, entró un atribulado operario que arrastraba un palé sobrecargado sobre una plataforma con ruedas.
En el palé llevaba en equilibrío varios pisos de botellas de refresco de plástico, de las de dos litros, una caja de cartón grande con docenas y docenas de huevos en su interior, y otros alimentos que no llegué a distinguir.
El hombre debía ser inexperto o torpe, o estaba dormido, o simplemente se despistó, porque, al girar para entrar en el super, lo hizo con tanta brusquedad que la carga se volcó con gran aparato y conmoción entre los presentes. Al instante se oyó la voz de la otra dependienta que gritaba ¡Mi mano! ¡Mi mano! Todos los que estábamos allí: el del agua mineral, la cajera, el inexperto, una señora que pasaba por la acera y hasta yo misma, saltamos hacia la mercancía volcada y empezamos a tirar cada uno por donde pudo y sin el menor orden ni concierto. Terminamos de destrozar los paquetes, pero no lográbamos quitarle el peso a la dependienta, que seguía gritando: ¡Mi mano! ¡Mi mano!
Reconozco que vivimos un momento de confusión y que yo misma llegué a perder la sangre fría que me ha caracterizado en otras ocasiones, hasta que la señora que pasaba por la acera dijo que la única solución era desmontar el cargamento empezando por arriba.
Rápidamente, el repartidor del agua mineral tomó el mando, y empezó a dar órdenes, se liberó a la dependienta, y su compañera corrió a ponerle un paquete de ensaladilla rusa congelada en la mano, que sólo estaba contusionada y no amputada, como yo me había temido.
Como parecía que se había restablecido la calma, volví a la caja a intentar pagar mi kilo de naranzas de zumo, mis cuatro peras y mi pan de molde, cuando el repartidor torpe cogió un cuchillo para romper lo paquetes que aprisionaban su mercancía, con tan mala suerte que pinchó una botella. Pinchó bien, porque el chorro de refresco salió abundante y a mucha presión en dirección a mi camiseta blanca inmaculada, y yo entonces ya no pude reprimir un ¡joder!
(La foto la coloco sólo como ilustración, para alegrar. No tiene nada que ver con el supermercado al que me refiero. Lo digo porque parece que se vislumbra una marca en el borde del frutero, pero no es la mía.)

4 Responses so far.

  1. Totoyo dice:
    Jua jua jua (risas sinceras). ¡Es buenísimo! Dijiste bien, mejor por escrito.
  2. ELIA dice:
    El repartido inexperto “se lució”, esperemos que le den un cursillo acelerado para evitar otro desaguisado del estilo… Acertadísimo el tratamiento post-confusión con el bloque de ensaladilla. Una vez más, disfruté con el relato.
  3. Cuinpar dice:
    Jajajajaajajajaj!! Qué buena manera de empezar un lunes. ¡Gracias!

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