La Calaf, nada menos

No sé por qué misterio de la naturaleza desde que tuve uso de razón quise ser periodista. No tengo antecedentes familiares. Sí fui una lectora precoz de literatura pero no de periódicos y, sin embargo, siempre quise dedicarme a este oficio.
Lo conseguí y llevo más de 20 años en esto, siempre en la prensa local. La experiencia no me ha defraudado y sigo queriendo ser periodista. Salvo los días malos que todos tenemos, suelo encaminarme hacia la redacción con la mejor de las disposiciones. ¡Ah! ¿Qué pasará hoy?
Esta bendita profesión me deparó este miércoles un encuentro que para mí, dados los antecedentes, resultó un gran encuentro. Me refiero a una entrevista que tuve el placer de hacer a Rosa María Calaf, veterana corresponsal de TVE en el extranjero.
Para mi la Calaf es como Gasol para un jugador de baloncesto; como Niemeyer para un arquitecto o como un magistrado del Supremo para un juez de lo Penal. Para mí y creo que también para muchos otros compañeros, los corresponsales en el extranjero son una suerte de aristocracia del periodismo, no en un sentido elitista o banal, sino en uno puramente profesional. ¿Qué más periodista se puede ser? Si se hace bien, claro está, porque ceporros y deshonestos puede haber en todos lados. Pero no la Calaf, una de las mejores.
El encuentro con esta señora, jubilada hace año y medio, fue escaso en tiempo pero muy aprovechado. Las previsiones se torcieron y en vez de la media hora prometida, tuvimos apenas veinte minutos. Ella, lejos de amilanarse, habló muy deprisa de manera que yo volví a mi periódico con mi entrevista, como habíamos quedado.
Fue cercana y muy amable y expuso argumentos sobre la profesión que reforzaron mi idea de que acerté al elegirla. Fue un visto y no visto de casi 20 minutos, pero hablamos de varias cosas: de la necesidad de no conformarse ante la vigencia del periodismo espectáculo; de su esencia como servicio a la sociedad; también de que no para y de que nada más jubilarse hizo un viaje en coche por Australia y en dos meses y medio recorrió 13.000 kilómetros; de la naturaleza humana -“todos queremos lo mismo”-, de China y hasta de un fugaz encuentro con Sinatra.
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Después cuando caminaba hacia el coche para volver a la redacción del periódico pensaba en lo agradable que había sido la entrevista y en todo lo que había aprendido en tan poco tiempo. También pensé en cuanto periodista bobilín he conocido -del país y del exterior- que por haber escrito cuatro cosas ya se cree un master del universo, como los de Wolfe.
(En la foto de Gerardo Montesdeoca, la Calaf y yo a su lado, este miércoles en Las Palmas de Gran Canaria)

7 Responses so far.

  1. Loreto dice:
    La Calaf es un mito para quienes amamos esta profesión y queremos seguir aprendiendo siempre de los que más saben. Me alegra comprobar que es coherente y no defrauda en persona, frente a tantos otros que van de estrella. Por cierto, yo decidí ser periodista cuando era una chiquilla, viendo los reportajes de Carmen Sarmiento, otra grande. De eso hace… Por ahí debo tener todavía alguna foto de cuando hacíamos prácticas… ¿Te acuerdas, Ángeles? Y que podamos seguir haciendo lo que más nos gusta por mucho tiempo…!!!
  2. Sí me acuerdo Loreto. Te gustaría mucho la Calaf. Además comparten gustos capilares. Un beso.
  3. Totoyo dice:
    Querida Ángeles, sin acritud: los “masters del universo” eran unos muñequitos de Congost de hace unos años (hi-man, skeletor…). Los brokers y yuppies que retrata Wolfe en “La Hoguera de las vanidades” (Sherman McCoy sobre todos) y que Brian de Palma llevó al cine con cierta fortuna eran los “amos del universo”.
  4. ¡Qué burra! Pues sí, me refería a los amos del universo, aunque, pensándolo bien, alguno de ellos también podría ser, además, un master del universo. Gracias Totoyo.
  5. antonieta patateta dice:
    una vez más, me encanta leerte hermanita
  6. Cira dice:
    Nombrar a la Calaf y a Carmen Sarmiento no es sólo nombrar a dos grandes del periodismo sino también a dos grandes mujeres. Yo no soy periodista pero verlas a ambas en acción me hacían sentir que las mujeres podiamos llegar a donde quisieramos, ellas animaron a las de nuestra generación a pelear por nuestros sueños, fuera donde fuera.

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