Me he apuntado en una de esas páginas

Me he apuntado en una de esas páginas que sirven para establecer relaciones. He tenido que superar prejuicios de diez años de colegio de monjas; el mantra  sobre los extraños;  el pavor al ridículo y al que dirán y, desde luego, ese recelo tan femenino a ser tildada de mujer desesperada, y no exactamente por salir en televisión.

Me apunté como hago yo  las cosas  a menudo:  de manera improvisada y repentina, sin un plan previo ni más intenciones que el deseo neto, puro y no sé si casto de ampliar mi círculo.

Tengo un buen círculo de amistades, yo diría  que de los mejores. Mi círculo me quiere, me arropa, me da calor cuando tengo frío y es amplio y variado como debe serlo la vitrina estrella de la mejor pastelería.

Pero el mundo es más grande que ese círculo -más bien círculos, conjuntos y subconjuntos- que he tenido la suerte de ir dibujando a lo largo de los años. Y sin renunciar a ninguno de los círculos por los que transcurre mi vida, me apunté ingenuamente a una página que sirve de nexo entre personas que, como yo, sienten la necesidad de buscar a alguien que tal vez podría llegar a ser especial o, simplemente, como me decía alguien esta mañana, porque de vez en cuando apetece salir con un hombre interesante para hablar del tiempo.

Por el momento, la experiencia esta siendo satisfactoria y divertida. Esto es un juego en el que cada uno mueve sus piezas, pone sus condiciones y expresa sus deseos. Yo he dicho que no me gustaría conocer a fumadores y el sistema -el programa- sólo me ofrece no fumadores y alguno que otro, que se cuela, que dice que fuma “alguna vez”.  No me lo creo, porque soy una gran ex fumadora. Lo sé todo sobre el tabaco: alguna noche hasta llegué a buscar colillas en el cubo de basura de mi casa por si alguna soportaba un encendido extra.

Pero no era este el tema de mi post. La experiencia de la página de relaciones me parece divertida, interesante, muy práctica y tan natural como fue en su momento pasear por la plaza del pueblo los domingos para la juventud de los años 50, ir al baile en los 60 o a las discotecas y afterhours a partir de entonces. Solo se trata de poner la tecnología al servicio de las necesidades humanas, de facilitarnos la vida, y, por el momento, ya he visto a un par de candidatos con los que no me importaría tomar un café o dar un paseo en bicicleta.

¿Quién sabe? A lo mejor acabo con un fumador después de todo.

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