Perros, pues era verdad

Con uno de sus juguetes preferidos, un mordedor infantil que encontramos en la calle.

Con uno de sus juguetes preferidos, un mordedor infantil que encontramos en la calle.

No sé cómo viví tantos años sin este montón de pelo que me sigue a todas partes con sus tac-tac-tac de bailarín de claqué.

Nunca me gustaron los perros, me espantaba el olor, las babas, la posibilidad de que me dieran una dentellada, el calor que desprenden en verano … Si hay antitaurinos, yo era anticanina.

Desde año y medio -soy mala para los cálculos temporales- vive en casa un chucho que responde al nombre de Kobe (léase Cobi), aunque, si pudiera volver atrás, le habría llamado Walter Matthau por esa manera que tiene de mirarme a veces.

De su llegada a casa y mi posterior conversión de anticanina a procanina tienen la culpa mis hijas, que me sometieron a  un prolongado e intenso asedio.

En un momento de debilidad acepté ir a la perrera a buscar un cachorro con el convencimiento de que tardaría meses -quien sabe si años- en completar el papeleo, lo que acabaría por sumir en el olvido la absurda pretensión de que yo conviviera con ¡un perro!

En lugar de eso, lo que sucedió fue que en menos de quince minutos regresamos al coche con una bolita de pelo negro entre las manos de mi hija mayor.

Hasta ese momento yo apenas había tocado animal alguno.  Mi ignorancia era tal que aquella primera noche pedí a mis hijas que “acostaran al perro”.

Recuerdo pedir asesoramiento hasta sobre cómo debía actuar cuando mi perro se paraba en la calle para olerle el bajo vientre a otras mascotas.

Hoy tengo entre mis alegrías cotidianas el recibimiento que me hace Kobe cada vez que llego a casa, su costumbre de buscar mi contacto para sentirse seguro o verlo disfrutar cuando puedo llevarlo a su parque favorito y dejarlo correr libre un rato bien largo.

Cuando vamos a su consulta y una de las veterinarias de la clínica le echa algún piropo, yo me inflo como un pavo, y si alguien me dice por la calle que qué bonito es mi perro, yo lo agradezco como si hubiera tenido algo que ver en su nacimiento.

Mientras escribo esta entrada, él está tumbado a mi lado, dormitando tranquilo, ignorante de cuánto enriquece nuestras vidas.

 

6 Responses so far.

  1. Francisco dice:
    Muy bonito tu escrito pero real como la vida misma.Puedes estar segura que nunca te dejara colgada y siempre estará atenta a ti.Tus alegrías serán sus alegrías y tus penas serán tus penas…
  2. ELIA dice:
    Tengo la suerte de conocerlo y doy fe de que es muy simpatico , un estupendo y guapo perrito .
    Se que te alegra la vida , lo se .
  3. Isabel Mayor dice:
    Has descrito exactamente mi experiencia. “Cuba” nos llegó hace dos años y hoy es sin duda la mejor persona de mi casa. Gracias por expresarlo tan bien.

LEAVE A COMMENT

A %d blogueros les gusta esto: