Striptease y whatsapps

No me ha sorprendido demasiado el contenido del WhatsApp  del concejal de La Laguna que presume de “follarse” (sic) a empleadas del Ayuntamiento -desgraciadamente queda mucho de este machismo rancio entre nosotros-; pero sí la virulencia de la reacción de las redes sociales, nuevo oráculo de Delfos de la sociedad contemporánea. Como en una quema de brujas, nos han puesto un cebo y hemos salido en manada a colgar al hereje, sin juicio mediante ni nada parecido. Por supuesto que la afirmación es intolerable y así lo ha reconocido el propio protagonista al que en otros tiempos habríamos quemado en la hoguera o untado con brea y emplumado.

Cuando contemplo un linchamiento como este en nuestras redes sociales -tan útiles para unas cosas-, me acuerdo de las causas por brujería de la Edad Media y también del Brexit, que no es lo mismo pero se parece.

Las masas son maleables como la plastilina y con internet esto se amplifica, la mentira entonces o la media verdad son armas poderosas. Hacemos retuit sin ton ni son, sin maldito espíritu crítico, no sabemos muy bien de qué va la cosa, pero es fácil y tenemos que mover nuestro perfil para conseguir seguidores, así que, nos apuntamos al carro de cualquier cosa que pueda tener éxito.

Si el mensaje de marras tiene un mes y se ha hecho público justo ahora cuando más convenía a cierta estrategia política -lo explicaba el viernes el periodista Daniel Millet-:  nos han manipulado. Hemos bailado al son de quien ha medido los tiempos para hacer pública la herejía, lo que también tiene delito, porque el supuesto ultrajador de funcionarias ha tenido todo un mes extra para seguir haciendo -presuntamente – de las suyas.

También me pregunto si todos nosotros podríamos resistir un striptease total de nuestros mensajes de WhattsApp. ¿Nunca decimos burradas? Yo sí. Este pensamiento no significa que acepte el mensaje del concejal: me parece cutre, insultante y reflejo de una forma de ser que no quiero tener cerca. Pero dicho esto, deploro que me manipulen y me da miedo pensar lo fácil que es hacerlo en esta nueva era de la ultracomunicación.

Lo vimos con el Brexit, que ahora tantos lamentan en el Reino Unido, pasó con Trump, y lo vemos, me temo, en Cataluña, donde un golpe de estado se traviste de democracia. ¿Pudo Rajoy parar la bola independentista  antes y no lo hizo por estrategia electoral? ¿No se pregunta el catalanito de a pie qué bolsillo será el primero en perder si la bola sigue creciendo? ¿Se sabe algo del caso Pujol?

*Publicado en La Provincia 16/09/2017

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