Viuda y con los hijos criados

No me atrevería a decir que lo expuso con un tono triunfante, pero sí noté su satisfacción cuando me explicó que era “viuda y con los hijos criados”.
Si puedo, no pierdo la oportunidad de hablar con extraños y eso a pesar de que todas las recomendaciones que recibí en mi infancia.
Hablo con extraños por mi natural curiosidad, por deformación profesional y sobre todo porque me gusta la gente.
El 4 de agosto tuve un encuentro con una extraña absolutamente delicioso.
Hay que situarse en la estación de donde salen las guaguas que recorren los pueblos de Gran Canaria, en la mañana del domingo en que se celebraba la Rama de Agaete, esa fiesta tan sandunguera y multitudinaria.
En el lugar de donde partían las guaguas para la fiesta había un grupo de gente esperando. Todos eran jóvenes o cuasi jóvenes, salvo una señora de tal vez unos 70 años, vestida con modestia, pelo corto y gafas, a la que inmediatamente elegí como interlocutora para saber más cosas de la Rama.
Por su aspecto di por hecho que era de Agaete, ni se me pasó por la cabeza que L. iba como yo y los demás a la fiesta.
Empezamos a hablar. Me contó que venía de un municipio del sur de la isla, y que aquella era la segunda guagua que cogía esa mañana; que era la primera vez que iba a la Rama de Agaete y que esperaba encontrarse allí con unas amigas, con las que, por otra parte, no había quedado de una manera concreta.
Me explicó también que le habían asegurado que a la Rama iba “muchísima gente, hasta barcos enteros de Tenerife”, y que por eso ella se había traído en el bolso una tortilla y pan bizcochado, además de una cocacola y un sevenup. No bebía alcohol, me aseguró y también que nunca decía mentiras. Me dijo que había comida para tres en su bolso, por si quería compartirla con ella.
Comprendí que aquel traslado de su sur al norte de la isla era para ella un viaje, una aventura, una celebración de independencia. Sobre todo cuando me dijo -con un tono puede que triunfante- que era viuda y con los hijos criados. Al fin libre, le faltó decir a mi amiga.
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(Poco después de hacer esta foto en Las Nieves, me la encontré a ella, tan contenta, mirando a la gente pasar).

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